Sexo, crímenes y violencia fueron los temas con los que el cineasta japonés Nagisa Oshima se hizo un hueco en el panorama internacional. Representante de la "nueva ola" nipona que plantaba cara al estilo humanista de Akira Kurosawa, Oshima murió ayer a los 80 años en un hospital de Fujisawa, cerca de Tokio, debido a una neuomonía.
Su fama internacional se la debe a "El imperio de los sentidos" (1976) y "El imperio de la pasión" (1978). La primera, que aborda la obsesión sexual de una pareja llevada hasta los extremos de la castración y la muerte, fue confiscada en la Berlinale por presunta pornografía. Noruega tardó 25 años en dar el visto bueno para que la película llegara a los cines. Lo mismo pasó en la Argentina, donde se la exhibió primero en forma clandestina. Por "El imperio de la pasión", en cambio, fue coronado mejor director de Cannes. Ambas, cada una a su modo, lo volvieron célebre.
En Japón tenía fama de autoritario. Sus películas siempre buscaron provocar a la sociedad local. En 1999 rodó "Gohatto" ("Tabú"), la primera en dos décadas que volvía a estar enmarcada en su patria. Esta fue su última película, aunque según los medios japoneses había estado trabajando en otro proyecto que nunca llegó a culminar.